Simón Bolívar y Alexander von Humboldt: una cuestión de tamaño

 I. El encuentro de Bolívar y Humboldt 

Bolívar y Humboldt son dos nombres cuyos epítetos no tienen sentido sin una referencia al territorio de Hispanoamérica. El Libertador y “el descubridor científico de América” se conocieron en Europa, a fines del año 1804 o principios de 1805[1]. Humboldt estaba recién llegado de su viaje de cinco años por América, y Bolívar estaba realizando entonces su famoso segundo viaje a Europa. Si en su primer viaje se había dedicado a derrochar la fortuna familiar en una vida de placeres, fue en este segundo viaje (1803-1806), luego de la muerte de su esposa, que Bolívar encontró su inspiración militar y libertadora,  bajo la influencia de Simón Rodríguez y de la impactante escena de coronación de Napoleón que presenció a sus veintidós años.

napoleon
“La corona que se puso Napoleón sobre la cabeza la miré como una cosa miserable y de moda gótica; lo que me pareció grande fue la aclamación universal y el interés que inspiraba su persona. Esto, lo confieso, me hizo pensar en la esclavitud de mi país y en la gloria que conquistaría el que lo libertase (…) Sin la muerte de mi mujer no hubiera hecho mi segundo viaje a Europa, y es de creerse que en Caracas o San Mateo no me habrían nacido ideas que adquirí en mis viajes.” [2]

Es curioso que esta revelación en la que Bolívar toma conciencia de la esclavitud de su país, sea también la visión de un Grande Hombre: él mismo, como Libertador. Lo confieso, dice, con cierto pudor, pues el proyecto de independencia tal como Bolívar lo concibió y lo llevó a cabo, está signado por el lugar central que se dio a sí mismo en esa empresa. Es curioso también que sea en Europa que comienza a gestarse ese personaje histórico que sería Bolívar, personaje que él mismo construyó a través de sus discursos y cartas, y sus campañas. Quizás el viejo continente le dio la perspectiva geográfica y cultural para comprender el lugar geopolítico de la colonia española en el mapa de Occidente. Por otra parte, tiene sentido que él comience ese relato de sí mismo precisamente en un viaje, pues su identidad estará signada por los viajes y las campañas militares, por esa manera única que tuvo de recorrer el territorio americano y dominarlo como estratega y líder político, por sus conocimientos geográficos con que construía sus tácticas militares, y por su visión de la política internacional, que también fue clave para el desarrollo de la llamada independencia.

El tema de este trabajo es la relación de Bolívar con el espacio, con la geografía: hay una relación entre su proyecto y su manera de moverse y controlar un amplio territorio. Es en este punto que resultará útil establecer un contrapunto con la figura de von Humboldt. Él también hizo de sí mismo un personaje grande, y su grandeza también podía medirse en términos de un territorio vastísimo que él logró dominar, aunque su conquista fuera en el ámbito del conocimiento.

Sobre ese encuentro entre Bolívar y von Humboldt se sabe muy poco. Se sabe que estuvieron juntos en Francia y en Italia. En Italia escalaron juntos el Vesubio. Creo que esta experiencia pinta lo que pudo haber sido la impronta de Humboldt en el joven Bolívar: podemos imaginar a un Humboldt ya consagrado narrando sus largas travesías por América, haciendo gala de su conocimiento vastísimo sobre los pueblos y los recursos naturales de una patria de la cual Bolívar aún no tenía conciencia, desde una cima elevada que sugería a la vista una extensión infinita. Difícilmente Humboldt haya podido resistir la tentación de demostrar también todo lo que sabía sobre los volcanes y sobre las fuerzas naturales que allí se agitan a la espera para hacer explosión.

vesubio

Varios autores han dicho que fue precisamente Humboldt quien impulsó a Bolívar a libertar Hispanoamérica, pero como mostraron Rippy y Brann[3], no hay evidencia suficiente para probar que Humboldt siquiera sospechara que tenía frente a sus ojos al futuro Libertador. De cualquier manera, la independencia de América sí debió ser un tópico de sus conversaciones. En una carta de 1822, Humboldt recuerda:

“Señor Presidente.
La amistad con la cual el General Bolívar se dignó honrarme después de mi regreso de México, en una época en que hacíamos votos por la independencia y la libertad del Nuevo Continente, me hace esperar que, en medio de los triunfos, coronados por una gloria fundada por grandes y penosos trabajos, el Presidente de la República de Colombia recibirá todavía con interés el homenaje de mi admiración y de mi devoción afectuosa. (…)” [4]

Luego de estos encuentros en Europa, Bolívar y Humboldt no volverían a verse, pero quince años más tarde, siendo Bolívar ya presidente de Colombia, intercambiarían correspondencia, en un tono encomioso. Sabemos además que Humboldt había seguido las campañas de Bolívar desde París, y como veremos, Bolívar siempre tuvo a la figura de Humboldt en sus pensamientos, además de haber sido lector de sus tratados sobre el continente americano.

En una carta de 1826 Bolívar le escribiría a Humboldt:

“El barón de Humboldt estará siempre con los días de la América presentes en el corazón de los justos apreciadores de un grande hombre, que con sus ojos la ha arrancado de la ignorancia y con su pluma la ha pintado tan bella como su propia naturaleza. (…) Los rasgos de su carácter moral, las eminentes cualidades de su carácter generoso tienen una especie de existencia entre nosotros; siempre los estamos mirando con encanto. Yo por lo menos al contemplar cada uno de los vestigios que recuerdan los pasos de Ud. en Colombia me siento arrebatado de las más poderosas impresiones. Así, estimable amigo, reciba Ud. los cordiales testimonios de quien ha tenido el honor de respetar su nombre antes de conocerlo, y de amarlo cuando le vio en París y Roma.(…)”[5]

En este pasaje Bolívar reconoce a Humboldt como un grande hombre. Es grande por la dimensión de la tarea, tan grande como la América que contribuyó a iluminar con sus conocimientos, es hombre porque lo hizo con sus manos, con su pluma, con sus ojos. Es esta tensión entre lo magnánimo de la empresa y la insignificancia del cuerpo humano que la ha realizado, paso a paso, a fuerza de lucidez y de largas travesías a caballo, lo que constituye la relación compleja que estas dos figuras, Humboldt y Bolívar, tenían con el espacio americano. 

 baron von humboldt

 

II. Grandes hombres en el espacio-tiempo

 

 

Humboldt creció en Berlín, en una familia adinerada. Recibió una educación como naturalista en la prestigiosa Universidad de Göttingen y trabajó para el gobierno prusiano como alto funcionario en la administración de minas. Fue en esta época que conoció a Goethe, en Jena[6]. En 1796, con la muerte de su madre, Humboldt heredó una fortuna y decidió invertirla en viajar al Nuevo Mundo. Dedicó dos años a adquirir los conocimientos para realizar las mediciones que proyectaba, reunir instrumentos y organizar el viaje. Consiguió que el rey de España en persona le escribiera cartas de recomendación a sus funcionarios virreinales y fue recibido en todas las ciudades coloniales con hospitalidad diplomática, y en cada territorio pudo disponer de colaboradores, esclavos y animales de carga. Humboldt había conseguido el aval de Carlos IV porque era la única forma de acceder a la colonia, y le había ofrecido a cambio sus servicios como geógrafo. El rey estaba interesado especialmente en información sobre minería[7], pero Humboldt se dedicó por su iniciativa personal a un sinnúmero de temas, llevó todo tipo de instrumentos de medición, de física, química y astronomía, y estudió las poblaciones, los recursos naturales, la economía, las costumbres, y todo cuanto se podía conocer. Como señala Mary Louise Pratt, su empresa tuvo una escala épica:

Humboldt existed and exists not as a traveler or a travel writer, but as a Man and a Life, in a way that became possible only in the era of the Individual. Humboldt produced himself as such. Unlike the disciples of Linnaeus or the employees of the African Association, he did not write or travel as a humble instrument of European knowledge-making apparatuses, but as their creator. He was not sent on missions in the name of a paternal schema embodied in an authority figure back home. A person of extraordinary energy, ability, and education, he produced his own journeys and subject matters and spent a lifetime of energy promoting them. Both his travels and his writings have an epic scale which he devoted his life and his fortune to creating. For Humboldt had a Life in a way only a fortune can provide.[8]

Hay un contraste notable entre la travesía que realizó Humboldt y la estabilidad del régimen colonial. La colonia era una sociedad medieval, en cuanto su economía estaba basada en la propiedad de la tierra y su explotación agrícola. No había por ese entonces ferrocarriles y los caminos eran limitados. Es posible que nadie antes de Humboldt y Bonpland haya recorrido una extensión tan grande en ese territorio. Luego Bolívar haría también unos recorridos extraordinarios, y era famoso por tener el trasero endurecido por un gran cayo, fruto de tantas horas arriba del caballo.

Además de esa fuerza física y monetaria para recorrer personalmente grandes travesías, Bolívar y Humboldt dominaron aún un espacio más vasto con la pluma: el territorio epistolar. Durante su vida de figuras públicas, estos dos hombres escribían varias cartas a diario, y además eran cartas que los ponían en comunicación con personajes poderosos en Europa y América. Se cree que Humboldt escribió en su vida 35,000 cartas.[9] Semanas antes de morir, el 15 de marzo de 1859 publicó en los periódicos de Prusia este anuncio:

Agotado bajo el peso de una correspondencia siempre creciente de un promedio anual de aproximadamente 1600 a 2000 piezas (Cartas, impresos sobre temas que me son totalmente ajenos, manuscritos sobre los cuales se pide mi opinión, proyectos de viajes y de expediciones coloniales, envíos de modelos, máquinas y objetos de historia natural, preguntas sobre viajes aéreos, enriquecimiento de colecciones de autógrafos, ofrecimientos para ocuparse de mí, distraerme, divertirme, etc…), intento de nuevo, públicamente, rogar a las personas que me honran con sus favores, contribuir a que se ocupen menos de mí en ambos continentes y que no se utilice mi casa como buzón; así podría consagrarme a gusto y con toda tranquilidad a mis propias investigaciones, pese a la disminución de mis fuerzas físicas e intelectuales. Ojalá este pedido de socorro, al que me he resuelto con remordimientos y demasiado tarde, no sea interpretado como una señal de hostilidad.[10]

La correspondencia de Bolívar también es voluminosa. La edición de Vicente Lecuna de Cartas del Libertador tiene 10 volúmenes, y no es una edición exhaustiva, pues muchas cartas se han perdido.

Además de escribir correspondencia, estos dos hombres dejaron también muchos otros escritos. Los textos de Bolívar, sus cartas, sus discursos y decretos, no solamente son numerosos, son además ejercicios de intervención política, y no pueden ser leídos sin considerar a quién estaban dirigidos y qué función venían a cumplir. Además, Bolívar llevaba a cabo sus campañas a través del correo con sus Generales, recibiendo información táctica y dando órdenes. Finalmente, fue un escritor de decretos y constituciones, a través de los cuales intervino en la sociedad civil y sus instituciones, hasta el punto de identificarse con el Estado en muchos momentos. Por mencionar solamente dos grandes fuentes del siglo XIX, los Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia, una compilación de José Félix Blanco y Ramón Azpurúa, tiene 14 volúmenes, y las Memorias del General O´Leary tienen 32 volúmenes. Humboldt, por su parte, escribió una obra vastísima a su regreso del viaje por América, que suman 30 volúmenes, entre tratados de botánica, de zoología, de mediciones barométricas y astronómicas, descripciones geográficas y geopolíticas, y relatos de viaje. Esta obra monumental sería por muchas décadas una fuente ineludible para los estudios sobre geografía hispanoamericana, y en este sentido, puede decirse que su obra dominó el imaginario sobre la geografía de Hispanoamérica, en ambos lados del Atlántico.[11]

Mapa Humboldt

Estos dos hombres, pues, han sido expansivos, en un sentido complejo y muy específico que trataremos de dilucidar. Hay una tensión entre diferentes niveles de análisis del espacio. Por una parte, cabe distinguir el espacio recorrido, del espacio más amplio al que llegaban con sus cartas, del espacio aún más grande de su influencia. Sobre el espacio de sus viajes cabe señalar que si recorrieron estas extensiones paso a paso, ambos hombres lograron reunir las conquistas sucesivas en una única y gran obra. Von Humboldt reunió esta experiencia sucesiva en los muchos volúmenes de sus relatos de viaje y descripciones naturalistas. Bolívar, por su parte, recorrió el territorio como centro móvil de una estrategia militar cuyo resultado fueron los Estados nacionales de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. Por otra parte, estas obras, así como el conjunto de las cartas, no sólo constituían un territorio en el que se movían, sino también una huella aún mayor en el tiempo, y ambos escribían con plena conciencia de estar alcanzando la posteridad y la gloria, especialmente en el caso de Bolívar.

He tratado de marcar en qué se parecieron estos dos hombres en cuanto a su capacidad de abarcar y dominar grandes territorios, como pocos contemporáneos suyos lo hicieron. En lo que sigue de este trabajo, trataré de mostrar algunos rasgos de cómo concibió Bolívar la geografía del territorio en el que realizó sus campañas militares y sus construcciones retóricas y políticas (el costado ideológico de su actuación militar). Para ello voy a leer dos textos célebres: “El manifiesto de Cartagena ” y “Mi delirio sobre el Chimborazo”. En estos escritos resuena la figura de Humboldt, y esas resonancias servirán para iluminar la visión de Bolívar.

Gran Colombia

III. Espacio absoluto, espacio relativo y espacio relacional 

Antes de entrar en los textos de Bolívar, quisiera exponer algunos conceptos del geógrafo marxista David Harvey que serán de utilidad para lo que sigue. Se trata del análisis que hace Harvey del término espacio.[12] Harvey toma de la tradición tres concepciones sobre el espacio: el espacio absoluto, el espacio relativo (espacio-tiempo) y el espacio relacional. Su mérito es pensar estos tres modelos espaciales como estructuras que funcionan en simultáneo, que permiten clasificar tres tipos de fenómenos que coexisten en la trama de lo real. Además, toma otra matriz triple de los trabajos de Lefebvre[13], que distingue tres formas a través de las cuales un sujeto se relaciona con el espacio: el espacio material (la práctica espacial), las representaciones del espacio (el espacio tal como es concebido y representado), y el espacio de representaciones (la vivencia del espacio, que incluye la experiencia de las sensaciones, entrelazada con la imaginación, las emociones, y los significados de que está hecha esa experiencia). Quisiera detenerme un momento a explicar estas nociones, pues serán de utilidad para leer después tres textos de Bolívar y la peculiar concepción del espacio que proponen.

Harvey, como Lefebvre, piensa el espacio como una producción social. Diferentes prácticas humanas dan lugar a espacios distintos, y estas matrices de análisis sirven para diferenciar y comprender estas prácticas. El espacio absoluto y el tiempo absoluto son parámetros fijos, que funcionan como principios de individuación exactos, y son usados cotidianamente como tales por todos nosotros: dividimos el espacio en parcelas contiguas, ciudades, países, continentes  y medimos el tiempo en horas, días, años. El espacio absoluto es el espacio newtoniano, y desde el punto de vista de las prácticas sociales, permite comprender el espacio de la propiedad privada y otros territorios con fronteras fijas: estados, unidades administrativas, etc. Es un espacio que se mide en metros y hectáreas, de acuerdo a una geometría euclidiana. El movimiento es analizado como desplazamiento en el tiempo, y el espacio es concebido, inversamente, como simultaneidad o coexistencia.

estructuras-6

El espacio relativo está asociado a la física de Einstein y aquí el movimiento es la categoría fundamental: no tiene sentido pensar el espacio sin referencia al tiempo. La distancia ya no se mide en metros sino en velocidades, por así decir: el camino más corto entre dos puntos no es la línea recta que los une, sino el camino más rápido. Esto permite pensar el espacio social como un mapa de locaciones relativas: la ubicación de un pueblo se mide por su distancia a otras ciudades, sus rutas de circulación, sus comunicaciones, su distancia a los puertos, etc. Quizás éste sea el espacio de la táctica militar, pues es fundamental que los cuerpos del ejército confluyan en el espacio en el momento preciso, y la naturaleza del terreno es lo que determina las posibilidades de acceso y movilidad de las tropas. Puede decirse que una economía como la de la colonia española construía sobre todo un espacio absoluto, por las limitaciones de la movilidad, los pocos mercados donde se ubicaban los productos (sobre todo se vendían en mercados locales de las zonas aledañas y a España). En cambio, el espacio que comienza a gestarse con la revolución de independencia y las campañas de Bolívar, es un espacio eminentemente relativo: se abren las rutas comerciales con el norte de Europa, así como los flujos de capital financiero y por otra parte, la estabilidad del régimen se sacude por las batallas que ponen en crisis las instituciones sociales. Una sociedad de castas también puede pensarse como una práctica tendiente a consolidar un espacio absoluto: donde cada casta tenía sus propios espacios de circulación diferenciados. Los esclavos, por ejemplo, no podían circular libremente sin la autorización de sus dueños, y la ausencia de transporte público hacía excepcional las largas travesías para los hombres libres que no tenían caballos ni acceso a embarcaciones. La irrupción del capitalismo y la abolición de la esclavitud iban a poner en movimiento toda esta geografía de territorios fijados por las instituciones de la sociedad de castas, basadas en la propiedad de la tierra. Y antes de eso, la naturaleza de la guerra también sacudió el régimen de castas pues fue una guerra por el territorio, se expropiaron propiedades españolas y los ejércitos españoles y criollos introdujeron una nueva distribución de las identidades sociales y nuevas jerarquías.

Al espacio absoluto y el relativo hay que agregar finalmente el espacio relacional. Harvey toma esta noción de Leibniz: la identidad de un objeto está dada por la relación con otros objetos. Estas relaciones pueden ser de todo tipo, y por esto es que el espacio relacional es mucho más complejo que el espacio relativo, pues ya no se trata solamente de distancias relativas, flujos o ritmos espacio-temporales mensurables. Si los dos primeros modelos fueron tomados del ámbito de la física, el concepto de espacio relacional tiene su origen en la filosofía:

Measurement becomes more and more problematic the closer we move towards a world of relational space-time. But why would it be presumed that space-time only exists if it is measurable and quantifiable in certain traditional ways? This leads to some interesting reflections on the failure (perhaps better construed as limitations) of positivism and empiricism to evolve adequate understandings of spatio-temporal concepts beyond those that can be measured. In a way, relational conceptions of space-time bring us to the point where mathematics, poetry, and music converge if not merge. And that, from a scientific (as opposed to aesthetic) viewpoint, is anathema to those of a positivist or crudely materialist bent. On this point the Kantian compromise of recognizing space as real but only accessible to the intuitions tries to build a bridge between Newton and Leibniz precisely by incorporating the concept of space within the theory of Aesthetic Judgement.[14]

La categoría de espacio relacional es importante porque es la única que permite dar cuenta de fenómenos como la subjetividad política y la conciencia política, y como muestra Harvey, es imprescindible para comprender la teoría económica de Marx: El concepto de valor es una noción relacional, pues es la cifra del tejido histórico de relaciones sociales. Hay muchos otros fenómenos que sólo pueden ser comprendidos en términos relacionales, y es muy valioso el gesto epistemológico de un geógrafo como David Harvey de enfatizar esto: imprescindible para comprender toda una serie de fenómenos sociales, el espacio relacional no deja de ser, sin embargo, una noción escurridiza, donde se hace difícil establecer identidades, metrizar los conceptos e incluso alcanzar certidumbres. Sin embargo, hay que intentarlo, pues renunciar a ello es abandonarse a la incomprensión de lo social.

(…) the relational view of space holds there is no such thing as space or time outside of the processes that define them. (…) Processes do not occur in space but define their own spatial frame. (…) this very formulation implies that, as in the case of relative space, it is impossible to disentangle space from time. (…) The relational notion of space-time implies the idea of internal relations; external influences get internalized in specific processes or things through time (…) An event or a thing at a point in space cannot be understood by appeal to what exists only at that point. It depends upon everything else going around it (much as all those who enter a room to discuss bring with them a vast array of experiential data accumulated from the world).[15]

Al analizar un lugar o un acontecimiento en términos relacionales, se lo comprende en cuanto se lo pone en relación con otros eventos contemporáneos y con un pasado. El enfoque relacional piensa el espacio como una cifra de la Historia, y es por ello que un análisis de este tipo se encuentra con los problemas epistemológicos propios de la Historia. Al reconocer este nivel de análisis, Harvey reivindica la necesidad de los llamados grandes relatos.[16] Volveremos sobre el punto.

Además de estos tres tipos de espacios, Harvey retoma el esquema tripartito de Lefebvre que distingue maneras subjetivas de experimentar y producir el espacio social. En primer lugar, define el espacio material (lo que Lefebvre llama la pratique spatiale). En palabras de Lefebvre:

La pratique spatiale, qui englobe production et reproduction. Lieux spécifiés et ensembles spatiaux propres à chaque formation sociale, qui assure la continuité dans une relative cohésion. Cette cohésion implique pour ce qui concerne l´espace social et le rapport à son espace de chaque membre de telle société, à la fois une compétence certaine et une certaine performance.[17]

Esta práctica espacial define, en términos de Harvey, un espacio material, que tiene que ver con las normas sociales que rigen el comportamiento de los cuerpos en el espacio, en la forma de rutinas, hábitos, esquemas psicomotrices. Las otras dos categorías de Lefebvre están asociadas a la conciencia, pero la práctica social tiene lugar de manera inconsciente, es algo que hace el cuerpo, y el conjunto de los cuerpos humanos que conforman un espacio social componen una máquina material en movimiento, máquina de producción y reproducción en la que pueden discernirse constantes, ritmos, territorios, etc. Además, estos cuerpos regulan la disposición de los objetos en el espacio, ejercen el control de las fronteras, los espacios de circulación, etc.

La segunda categoría son las representaciones del espacio (les représentations de l´espace). Se trata de la codificación del espacio, el espacio tal como es representado por diferentes disciplinas y saberes. Finalmente, están los espacios de representación (espaces de représentation), que son los espacios tal como son vivenciados. La experiencia del espacio incorpora los datos de los sentidos en el torrente de una experiencia que está atravesada también por la imaginación, las emociones, la memoria, y toda esta carga psicológica le da al espacio vivenciado unas cualidades que sólo el arte puede evocar.

Humboldt in the Jungle 

IV. El Manifiesto de Cartagena (diciembre, 1812)

 

“El geógrafo -y esta es quizás su esencial y estratégica función- colecciona información en un inventario que, en su estado crudo, no tiene mucho interés y no es de hecho utilizable excepto por el poder. Lo que el poder necesita no es una ciencia sino una masa de información que puede ser explotada gracias a su posición estratégica. / Esto nos da un mejor entendimiento tanto de las limitaciones epistemológicas de los estudios geográficos y al mismo tiempo de su alta rentabilidad (pasada más que presente) para los aparatos del poder. Esos viajeros del siglo XVII  y geógrafos del siglo XIX fueron de hecho colectores de inteligencia, reuniendo información y haciendo mapas que eran directamente explotables por poderes coloniales, estrategas, comerciantes  e industriales.”  Michel Foucault [18]

paisaje humboldt

El llamado Manifiesto de Cartagena llevaba el título de: Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño. Este discurso fue dirigido a la elite terrateniente de la ciudad de Cartagena de Indias, y fue principalmente una exhortación bélica. La llamada Primera República de Venezuela había sido destruida por el ejército español, luego de una serie de sucesos desafortunados. Este discurso de Bolívar se ofrece como una memoria de lo ocurrido y un análisis de los errores cometidos por la Primera República. Funciona a la vez como una exhortación a reconquistar el territorio de Venezuela y a modificar la estrategia política para la administración de una República que ahora es un Estado en movimiento, un Estado en busca de un territorio. Uno de los primeros párrafos dice (las cursivas son mías):

El más consecuente error que cometió Venezuela, al presentarse en el teatro político fue, sin contradicción, la fatal adopción del sistema tolerante: sistema improbado como débil e ineficaz, desde entonces, por todos el mundo sensato, y tenazmente sostenido hasta los últimos períodos con una ceguedad sin ejemplo. /Las primeras pruebas que dio nuestro Gobierno de su insensata legitimidad, las manifestó con la ciudad subalterna de Coro, que denegándose a reconocer su legitimidad, lo declaró insurgente, y lo hostilizó como enemigo. /La Junta Suprema en lugar de subyugar aquella indefensa ciudad, que estaba rendida con presentar nuestras fuerzas marítimas delante de su puerto, la dejó fortificar, y tomar una actitud tan respetable, que logró subyugar después la confederación entera, con casi igual facilidad que la que teníamos nosotros anteriormente para vencerla: fundando la Junta su política en los principios de humanidad mal entendida que no autorizan a ningún gobierno, para hacer por la fuerza, libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus derechos.[19]

La expresión ciudad subalterna llama la atención. Bolívar transpone un término militar al plano de la geografía. El término se repite otras dos veces en este discurso[20], ya no solamente referido a la ciudad de Coro, sino a una serie de lugares y ciudades subalternos que pretendían gobernarse a sí mismos de acuerdo a los principios del federalismo. En este discurso sostiene la necesidad de subyugar a las ciudades subalternas, ya sean focos de resistencia española, o ya sean sectores de la República que se rehúsan a someterse a un poder central. Bolívar trata de convencer al auditorio de la necesidad de declarar lo que no es sino un estado de excepción.[21]

Pero lo que debilitó más el Gobierno de Venezuela, fue la forma federal que adoptó, siguiendo las máximas exageradas de los derechos del hombre, que autorizándolo para que se rija por sí mismo, rompe los pactos sociales, y constituye a las naciones en anarquía. (…) Cada provincia se gobernaba independientemente; y a ejemplo de aquéllas, cada ciudad pretendía iguales facultades.[22]

del 26 de marzo de 1812

Así pues, Bolívar opone a los principios del federalismo una alternativa de organización plenamente jerárquica, extrapolada de una lógica militar. Y puede entenderse entonces que los lugares subalternos son sencillamente todos los territorios que él quisiera someter bajo la mano firme de un estado de sitio. Sin embargo, el asunto parece más complejo. Bolívar se refiere a pactos sociales preexistentes que el federalismo vino a destruir, al poner en pie de igualdad todas las provincias. ¿Qué es esta noción de ciudad subalterna? Hay un pasaje de Humboldt que parece responder esta pregunta:

The importance of a capital does not depend solely on its population, its wealth, or its site: to be justly appreciated, we must attend to the extent of territory, of which it is the centre; the sum of native productions, that are the object of its commerce; and its connection with the provinces, that are subject to its political influence. (…) those associations of provinces, blended together under the denomination of kingdoms, general captainries, presidencies, and governments, will survive even the catastrophe of the separation of the colonies.[23]

Este análisis no traza el mapa de un espacio absoluto, en el cual la capital es tan sólo el centro administrativo que representa a un territorio mayor, sino un mapa de posiciones relativas y flujos de circulación de mercancías e influencias. Estas relaciones entre los diferentes lugares no son simétricas, sino que establecen una trama jerárquica que, según la predicción de Humboldt, iba a sobrevivir los avatares políticos de la independencia. En el Manifiesto de Cartagena Bolívar parece sostener la necesidad de conservar estas relaciones jerárquicas, estos pactos sociales, para la nueva República. Por otra parte, las ciudades sublevadas de Coro y Curaçao tenían una población principalmente compuesta de pardos y judíos. Quizás sean estos los pactos sociales que justifican el calificativo de subalterna.

El principal error de la llamada Primera República había sido la adopción de “el sistema tolerante”, de “los principios de humanidad mal entendida que no autorizan a ningún gobierno a hacer por la fuerza libres a los pueblos estúpidos…”, de “las máximas exageradas de los derechos del hombre”. Al parecer, se refiere al hecho de haber tolerado, en el territorio Venezolano, un foco de sedición, en el que se organizaría una resistencia española. Bolívar sostiene la necesidad de castigar con la muerte a quienes se opongan a la independencia, y propone dar contra España una guerra ofensiva, es decir, no solamente recuperar el territorio perdido de Venezuela, sino avanzar sobre todo el territorio colonial, imponiendo la independencia a los pueblos estúpidos que pudieran resistirse.

El principal procedimiento retórico que utiliza Bolívar es el de reemplazar el campo semántico del republicanismo y el federalismo, por un campo semántico militar. En este nuevo mapa ya no parece haber más ciudadanos, sino tan sólo enemigos (que hay que eliminar) o soldados (que deben someterse a la cadena de mando).  En este pasaje la sustitución es muy evidente:

(…) tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica, y sofistas por soldados.[24]

Es decir: hacía falta Jefes, que establecieran tácticas para organizar a los soldados, con la fuerza de la ley. Una vez establecido el campo semántico militar, Bolívar tan sólo tiene que recurrir a las máximas del arte de la guerra para justificar su modelo de República y su estrategia de guerra contra los españoles:

(…) hay otras razones tan poderosas para determinarnos a la ofensiva, que sería una falta militar, y política inexcusable, dejar de hacerla. Nosotros nos hallamos invadidos, y por consiguiente forzados a rechazar al enemigo más allá de la frontera. Además, es un principio del arte que toda guerra defensiva es perjudicial y ruinosa para el que la sostiene; pues lo debilita sin esperanza de indemnizarlo (…)[25]

La República es entonces un Estado cuyo territorio está todavía por conquistar, es una República que nace invadida y cuya primera tarea política no será construir instituciones de paz, sino de guerra. La unidad de mando es uno de los principios básicos del arte de la guerra[26], aunque sólo se aplica a los miembros del ejército. La retórica de Bolívar extiende este principio a todos los ciudadanos. Y finalmente, en este texto se construye a sí mismo como un sujeto epistemológico privilegiado, el único que conoce el territorio, las poblaciones y la coyuntura, como para poder dirigir con eficacia una campaña cuyo objetivo ya no es recuperar Venezuela solamente, sino liberar a toda América, pues cualquier foco español constituye una amenaza que debe ser apagada. Su propia lucidez contrasta con la estupidez de los “pueblos estúpidos”, con la “ambición” de los criollos “facciosos”, con la “ignorancia” de los “rústicos del campo”. El tipo de conocimiento que Bolívar tiene, a diferencia de sus conciudadanos, es un conocimiento geográfico más que filosófico, es estrategia militar que diseña tácticas más que una filosofía política que diseñe formas de gobierno. Es un tipo de conocimiento que es inseparable del poder que lo ejerce: es indispensable que quien lo detenta sea el General en Jefe, en la cúpula de la cadena de mando. Es conocimiento táctico sobre el terreno, sobre el enemigo, sobre la moral de los hombres que han de componer el ejército. Este tipo de conocimiento, no es un conocimiento general sino estratégico, y como tal es particular, local y se cifra en un mapa de lugares subalternos comunicados por un paisaje y por unas relaciones sociales que componen un geografía hecha de jerarquías naturales, que el estratega a la vez utiliza y contribuye a hacer respetar, por la fuerza.

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V. Mi delirio sobre el Chimborazo (1823)

 Este breve texto de Bolívar narra su ascenso al Chimborazo. Humboldt había intentado subir esta montaña en 1802, creyendo entonces que era la cima más alta del mundo, pero sus acompañantes lo abandonaron, fatigados, y finalmente él desistió, por falta de aire, habiendo escalado apenas 400 metros.

Von Humboldt en el Chimborazo

Von Humboldt en el Chimborazo

Dice Bolívar:

había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt, seguílas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. (…) Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad. (…) Y arrebatado de la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo. Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo. (…) me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía. [27]

 

Este texto es una muestra particularmente extrema de la megalomanía que caracteriza el estilo de Bolívar. Bolívar y Humboldt sobresalieron por su pratique spatiale, y aquí Bolívar quiere dejar en claro que su pratique spatiale es más grande incluso que la de Humboldt. Desde la altura, no sólo contempla Colombia: es poseído por el espíritu de Colombia. Antes de narrar el ascenso, enumera la geografía de su grandeza militar, sus travesías épicas. Sus pies son los pies de Colombia, su marcha, la marcha de la libertad. Hay una relación extraña entre la megalomanía de Bolívar y su proyecto político. ¿Por qué la Gran Colombia? ¿De dónde esa obsesión por el tamaño? ¿Qué ventaja veía él en reunir un territorio tan vasto bajo un mando central? Una cosa estaba clara, y es que él era quizás el único hombre capaz de controlar todo ese territorio. Su obsesión por la unidad de mando y su proyecto de un territorio tan grande parecían inseparables. Y muchos de sus contemporáneos, que preferían construir repúblicas más pequeñas, veían en él a un tirano, alguien que quería sobre todo comandar el poder. El proyecto de la Gran Colombia quizás sólo existió en la imaginación de Bolívar y de unos pocos generales, así como su idea de una confederación de las naciones hispanoamericanas.[28]

Arriba del Chimborazo, tiene una revelación: se le presenta el Tiempo, el padre de los siglos. Y le habla. Tal como la describe, Bolívar parece tener una experiencia de lo sublime natural. “¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? (…) ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano”, dice el Tiempo. Y Bolívar es sobrecogido “por un terror sagrado”.

chimborazo

Esta experiencia de lo sublime, sobredramatizada quizás en este texto, hace justicia a la percepción del espacio y de la historia que ha de haber tenido Bolívar, pues en su mente diseñaba estrategias militares enormes, y más grandes eran sus ambiciones diplomáticas, que se frustrarían en el Congreso de Panamá. En este punto, es gracioso lo que Bolívar dice sobre San Martín, luego de su encuentro en Guayaquil:

Su carácter me ha parecido muy militar y parece activo, pronto y no lerdo. Tiene ideas correctas de las que a Ud. le gustan, pero no me parece bastante delicado en los géneros de sublime que hay en las ideas y en las empresas.[29]

Retomando la categorización de Harvey, puede decirse que Bolívar se movía en un espacio-tiempo relacional, en el que la geografía de Colombia y de Hispanomérica tenían una textura compleja e infinita, que él pretendía abarcar con su mirada y con su poder; que esta enorme capacidad espiritual de síntesis estuvo siempre acompañada de una práctica espacial también épica, como lo narra este texto. Humboldt había sido un geógrafo romántico, trató de mostrar las fuerzas que agitan la historia natural y el estilo de sus descripciones ha de haber influido en Bolívar.[30]

Esa imagen de un Humboldt moribundo, abrumado por una correspondencia innumerable de los dos continentes, se parece a la imagen que García Márquez pinta de los días finales de Bolívar en El General y su laberinto: un cuerpo que apenas se puede mover y ya está como muerto, pero desde la hamaca, lánguido, imagina todavía una campaña militar grande, diseña sus tácticas y la dirige a través de las cartas a sus generales.

bolivar moribundo

VI. Pensamientos finales: el fracaso de la confederación y Gran Bretaña

En 1826 Bolívar convocó al Congreso de Panamá, para tratar de dar a luz una confederación de estados de Hispanoamérica. Entre los objetivos del congreso, se buscaba generar tratados de comercio y navegación, abolir la esclavitud en todo el territorio hispanoamericano, discutir la posibilidad de dar apoyo militar para la independencia de Cuba y de Puerto Rico, repudiar a España. El congreso fue un fracaso por varios motivos. No se pusieron de acuerdo en reducir aranceles, ni sobre el establecimiento de las fronteras nacionales. Además, Argentina y Chile no enviaron delegados, porque temían que el congreso estuviera controlado por la influencia de Bolívar.

Bolívar había invitado a delegados de Gran Bretaña y los Países Bajos, como observadores. Y el canciller de Gran Bretaña asistió con órdenes de oponerse al apoyo a Cuba y Puerto Rico, y con el objetivo de generar acuerdos comerciales. Finalmente, no surgió un acuerdo hispanoamericano, pero Gran Bretaña logró tratados con los diferentes países por separado, con lo cual fue el país más beneficiado por el Congreso.

Este episodio cifra lo que sería el destino inmediato de Hispanomérica. En 1830 la Gran Colombia se dividiría en tres países, y las Provincias Unidas de Centroamérica, en cinco. Cada país por separado establecería unas relaciones comerciales con Gran Bretaña que, como es sabido, redundan en el endeudamiento de los estados latinoamericanos. Gran Bretaña logró una visión y estrategia unificada sobre Hispanoamérica, que Hispanoamérica no pudo tener sobre sí misma, con consecuencias nefastas para los países americanos.

En el siglo XX esta misma geopolítica se repetiría, ya no bajo el imperialismo británico, sino de la mano de los Chicago Boys del imperialismo norteamericano en los años 70´s. Siendo Hispanoamérica incapaz e incluso indiferente a la posibilidad de generar un bloque económico y político que le permita ejercer presión sobre el mercado internacional, cada gobierno por separado aceptó dócilmente un plan económico neoliberal, que redundó en pocos años en una polarización de clases y una pauperización de la población sin precedentes, y en un vaciamiento del los Estados y sus empresas que fueron privatizadas.

El proyecto de Bolívar tuvo elementos megalómanos y autoritarios y su saber geográfico era un saber militar, que trataba de liberar por la fuerza a pueblos estúpidos, todo lo cual hace de él una figura no muy deseable. Sin embargo, hay que reconocer el tamaño (y la palabra es exacta) de su visión. La fragmentación de Hispanoamérica en Estados incapaces de generar un bloque es prueba de que no hubo quien haya podido tener una ambición tan grande. Si estas repúblicas pueden jactarse de tener instituciones políticas más democráticas, tienen que reconocer, sin embargo, que han entregado su riqueza y el destino de sus pueblos al capital financiero internacional. No es que Bolívar se opusiera de suyo a la deuda externa, pero sí se oponía a los negocios ilegítimos que los gobiernos corruptos hacían con ella: la estatización de una deuda privada.

El saber geopolítico es un arte quizás y no una ciencia, se parece más al arte de la guerra, pues requiere, para ser utilizado por el poder, de una visión centralizada y de conjunto, es un pensamiento relacional. Quizás por la influencia del romanticismo, entre otras variables psicológicas, este pensamiento adquirió en Bolívar las formas de una megalomanía y un personalismo y un autoritarismo cuestionables. Es curioso que hasta el día de hoy no parecen haber habido en Latinoamérica proyectos tan ambiciosos que no tuvieran también estos rasgos. En el siglo XX, la naturaleza de las comunicaciones y de la democracia dieron a estas figuras la impronta del populismo.

panama 

Bibliografía

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[1] RIPPY, Fred J., and BRANN, E. R., “Alexander von Humboldt and Simón Bolívar”, in  The American Historical Review, Vol. 52, No. 4 (Jul., 1947), pp. 697-703.

[2] Carta a Perú de Lacroix,  Paris 1804, en Escritos anticolonialistas, p. 31.

[3] Op. cit.

[4] Carta de Humboldt a Bolívar, fechada en París el 29 de Julio de 1822. En Cartas Americanas, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1980, p. 196.

[5] Carta de Bolívar a von Humboldt, fechada en Bogotá, el 10 de noviembre de 1826, publicada en el Boletín de la Academia  Nacional de la Historia (Caracas, Venezuela), XVI (abril-julio, 1933), 21-19. Citada en RIPPY, Fred J., and BRANN, E. R., “Alexander von Humboldt and Simón Bolívar”, in  The American Historical Review, Vol. 52, No. 4 (Jul., 1947), p.702.

[6] “I found Goethe (on Dec. 11, 1826) in a happy mood. “Alexander von Humboldt has been some hours with me this morning”, he said, “What a man he is! Long as I have known him, he ever surprises me anew. He has not his equal in knowledge and living wisdom. He has a many-sidedness such as I have found nowhere else. On whatever point you approach him, he is at home, and lavishes upon us his intellectual treasures. He is like a fountain with many spouts, under which you need only hold a vessel; refreshing and inexhaustible streams are ever flowing” (una cita tomada de Gespräche mit Goethe in den letzten Jahren seines Lebens (1836) de Johann Peter Eckermann (1792-1854), citada en Nicolaas A. Rupke, Alexander von Humboldt: a metabiography, Chicago, The University of Chicago Press, 2008, pág. 46.

[7] MÖRNER, Magnus, “Alejandro de Humboldt – La parte venezolana de su “viaje” y otros relatos de viajeros a comienzos del siglo XVIII”, Conferencia en la Biblioteca Nacional de Estonia, 30 de junio de 1999.

[8] Pratt (2008), p. 113.

[9] Minguet, Charles, Prologo a las Cartas Americanas de Alexander von Humboldt.

[10] Citado y traducido por Minguet, op. cit., pág. IX.

[11] Cf. Pratt, “Alexander von Humboldt and the reinvention of America” en Imperial Eyes (2008), pp. 109-140.

[12] HARVEY, David, “Space as a key word”, en Spaces of Global Capitalism. Towards a Theory of Uneven Geographical Development, New York, Verso, 2006, pp. 119-148.

[13] LEFEBVRE, Henri, La production de l´espace (1974), Paris, Éditions Anthropos, 1981.

[14] Harve, op. cit, pág. 124.

[15] op. cit., pág. 124.

[16] “Many geographers in recent years, for example, have pointed to a key difference in the deployment of the concept of space as an essential element in a materialist project of understanding tangible geographies on the ground and the widespread appropriation of spatial metaphors within social, literary and cultural theory. These metaphors, furthermore, have frequently been used to disrupt so-called metanarratives (such as Marxian theory) and those discursive strategies in which the temporal dimension typically prevails. (…) my own position has been fairly clear throughout: of course the proper consideration of space and space-time has crucial effects upon how theories and understandings get articulated and developed. But this creates absolutely no justification whatsoever for turning away from all attempts at any kind of metatheory (the end result would be to take us back to geography as it was practiced in the academy in the 1950´s, which is, interestingly where a significant segment of contemporary British Geography seems to be happily, if unwittingly, substantively headed).”, op. cit., pág. 129

[17] Lefebvre, op. cit., pág. 42.

[18] Esta cita está extraida de “Questions on Geography”, una entrevista a Michel Foucault. Son palabras de los entrevistadores de la revista Hérodote, cuyos nombres no figuran al menos en la edición de FOUCAULT, Michel, Power/Knowledge: Selected Interviews and Other Writings 1971-1977, ed. by C. Gordon, New York, Vintage Books, 1980, pág. 75.

 

[19]  “El manifiesto de Cartagena”, en Simón Bolívar Fundamental (Compilación de G. Carrera Damas), tomo 2, Monte de Ávila Editores, pág. 13.

[20] “La subdivisión de la provincia de Caracas proyectada, discutida y sancionada por el Congreso federal, despertó y fomentó una enconada rivalidad en las ciudades y lugares subalternos, contra la capital: la cual decían los congresales ambiciosos de dominar sus distritos, era la tiranía de las ciudades y la sanguijuela del Estado.” p. 15

“La influencia eclesiástica tuvo, después del terremoto, una parte muy considerable en la sublevación de los lugares, y ciudades subalternas…” p. 18

[21] Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres (…)  si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse terrible, y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin atender a leyes, ni constituciones, interín no se restablecen la felicidad y la paz.”, pág. 16

[22] op. cit., pág. 16

[23] Travels…, Vol III, Book IV, Cap. XII, pág. 420.

[24] op. cit. pág. 13.

[25] op.cit., pág. 21.

[26] Máximas de Napoleón sobre el arte de la guerra, traducidas y anotadas por el General José Antonio Páez, Caracas, Ministerio de Comunicación e información, 2005, Máxima LXIV.

[27] BOLÍVAR, Simón, Fundamental (Compilación de G. Carrera Damas), tomo 2, Monte de Ávila Editores, “Mi delirio sobre el Chimborazo”, pág. 106.

 

[28] “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo en una sola nación con un solo vinculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse (…) ¡Qué bello sería que el itsmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna época dichosa de nuestra regeneración…”, en “Carta de Jamaica” (1816).

[29] Carta a Santander, Guayaquil, 29 de julio de 1822. (En Simón Bolívar, Para nosotros la patria es América, Caracas, Biblioteca de Ayacucho, 2010. Prólogo de Arturo Uslar Pietri, notas de Manuel Pérez Vila).

[30] “En efecto, vemos a Humboldt fuertemente influido por los pensamientos geográficos y cosmológicos del filósofo Immanuel Kant y por las ideas morfológicas de su amigo Goethe que deseaba extender. Es el futuro autor de la magna obra de síntesis “Cosmos”, publicada unos treinta años más tarde, quien nos habla, a la vez filósofo holístico y empiricista multidisciplinario. Humboldt, en su introducción de 1814, hace constar que había optado por usar un marco cronológico-geográfico en su obra.”, en Mörner, op. cit., pág. 4.

Author
Rocío Pichon Rivière
Rocío Pichon Rivière

(Buenos Aires) es licenciada en filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA) donde escribió su tesis sobre el estilo de Gilles Deleuze en relación con su lectura de Bergson, Kant y Foucault. Actualmente está escribiendo su disertación doctoral en la New York University (NYU), sobre crónica y non-fiction en Latinoamérica, con un foco en la cuestión de los espacios en el imaginario contemporáneo. También tiene una producción errática de dibujos, fotografías y audiovisuales: www.rociopichonriviere.com

Co-edita las secciones de Colectivos y de Crítica del espacio. rocio@criticalatinoamericana.com