Historia de la ciencia y crítica cultural en la América Latina tropical (La obra crítica de Nancy Leys Stepan)

La producción intelectual de la historiadora Nancy Leys Stepan se ha nutrido de los debates sobre la enfermedad tropical, la llamada “degeneración de la raza”, las representaciones del trópico y la historia de la ciencia, sobre todo en Brasil. Sin embargo, en el ámbito de los estudios literario y culturales, los libros de Nancy Stepan son raramente usados para iluminar los problemas de la América Latina de habla española, a pesar de que están escritos de forma amena y comprensible para quienes no somos historiadores de la ciencia. Este es un vacío que seguramente encuentra su explicación en los angostos diques de comunicación entre las diferentes disciplinas. Es urgente que lo remediemos cuanto antes trazando túneles críticos entre la ciencia y la literatura, pero más específicamente entre la historia de la medicina tropical y las llamadas “novelas de la selva” en América Latina y sus correlatos correspondientes en Africa o Asia. A este respecto, al hacer este salto, el nuevo y primer libro de Charlotte Rogers Jungle Fever: Exploring Medicine and Madness in 20th Century Tropical Narratives es de fundamental importancia.

Además de varios artículos académicos, muchos de los cuáles han circulado en revistas especializadas en historia de la ciencia, historia e historia de la medicina, Stepan—profesora emérita de Historia en la Universidad de Columbia— ha escrito tres libros de la mayor importancia al enfrentarnos, como críticos de la cultura, a la historia y representación del trópico latinoamericano. Todos ellos se caracterizan por privilegiar lo que Stepan ha llamado “socio-ecological approach”, una forma de lectura que traza continuidades entre el hombre y su entorno, historizando las maneras en que las sociedades se han relacionado con su ambiente, para mostrarnos a la naturaleza como un producto de la cultura y a ésta como un producto de aquella en un continuum en construcción perpetua. En este sentido, Stepan está en línea con otras producciones del conocimiento que, desde otras disciplinas en Estados Unidos, han privilegiado un enfoque ecologista tales como el clásico Traces on the Rhodian Shore (1967) de Clarence J. Glacken, Green Imperialism (1996) de Richard Grove, The Environmental Imagination (1995) de Lawrence Buell, Forests: The Shadows of Civilization (1993) de Robert Pogue Harrison, o The Problem of Nature (1996) de David Arnold, para solamente mencionar algunos importantes trabajos que piensan los problemas de la cultura atándolos al nudo gordiano de la naturaleza para dar al traste con esa vieja y falsa oposición entre naturaleza y cultura. Esta es una línea de exploración que, por ejemplo, para el caso colombiano, hasta ahora empieza con trabajos como el de la antropóloga Margarita Serje con El revés de la nación (2006) y el geógrafo Germán Palacio Castañeda con Fiebre de Tierra Caliente (2005).

El primero de los libros de Stepan es ‘The Hour of Eugenics’: Race, Gender and Nation in Latin America (1991), un análisis comparativo de los discursos eugenésicos que fueron copiados de Europa por las élites médicas y la clase política latinoamericana, con diferentes resultados dependiendo del país, sus condiciones ambientales y sus políticas de poblamiento. La eugenesia en todas sus vertientes –desde la más racista que concebía la superioridad de unas razas sobre otras hasta la más meliorista que veía en la higiene un método para “mejorar” la raza— fue un discurso adaptado y puesto en práctica en América Latina para enfrentar, por una parte, las oleadas migratorias europeas que llegaban a ciertas partes del continente y, por otra, para conjurar lo que en su momento se denominó “la degeneración de la raza” como problema de salud pública derivado del consumo de alcohol, drogas, la mala alimentación y la “falta de cuidado del cuerpo” de las masas campesinas e inmigrantes en proceso de proletarización en las ciudades latinoamericanas.

Su segundo libro, Picturing Tropical Nature (2001), es un estudio de las formas en que fue construido, en el siglo XIX y XX, la idea de Brasil como país tropical por parte de fotógrafos, escritores, pintores, médicos, científicos, viajeros y paisajistas tanto extranjeros como nacionales. Con su usual prosa accesible, agradable y documentada, Stepan historiza los discursos que construyeron el trópico tanto desde Brasil como desde Europa. En un arco que traza el devenir del pensamiento civilizatorio sobre la América tropical, empieza por la historia natural y la botánica a comienzos del siglo XIX, continúa con el pensamiento racialista que emerge en Europa a mediados del XIX y termina en el surgimiento de la medicina tropical a finales del XIX y comienzos del siglo XX. El reto del trópico, nos cuenta Stepan, fue asumido por las élites brasileras, políticas y científicas, a través de una vasta campaña propagandística y médica que pretendía blanquear el país atrayendo inmigración europea. Para ello necesitaban, antes que nada, deshacerse de la imagen del trópico como un lugar inhabitable para el hombre blanco donde la enfermedad cundía, el clima podía corromper el cuerpo, y la lujuria amenazar la “pureza” de la raza. Para ello desplegaron todo un aparato burocrático, además de ingentes cantidades de dinero en campañas salud pública e investigación científica, para contrarrestar la enfermedad tropical e impedir que a Europa llegaran —por ejemplo— fotografías donde aparecieran afrobrasileros, en el entendido que tales imágenes podría impedir que los ansiados inmigrantes blancos, que harían de Brasil el primer país tropical y civilizado, desembarcaran en Río de Janeiro.

El principal propósito de Stepan, logrado a cabalidad a través del análisis de textos e imágenes, es hacernos ver cómo algunas metáforas para referirse al trópico son más sutiles y más poderosas que otras. Por ejemplo, ante la selva como el espacio privilegiado por la imaginación europea o europeizante para referirse al trópico —una imagen que empobrece y simplifica un espacio tan rico y diverso— Stepan le opone espacios como los jardines tropicales diseñados por el paisajista carioca Roberto Burle Marx. En contraste con la reificación de ese significante vacío que es la selva, Stepan encuentra que el jardín es un espacio para leer la inextricable unión entre naturaleza y cultura, creada por los deseos, los anhelos, los proyectos políticos y las pesadillas humanas.

El último libro de Stepan, todavía fresco en reseñas y estanterías, es Eradication: Ridding the World of Diseases Forever? (2011). En él, al igual que en sus otros libros, privilegia una narrativa genealógica que historiza discursos, mostrándonos cómo las prácticas médicas a través de las cuales nos relacionamos con el ambiente cambian dependiendo de la coyuntura histórica, los avances científicos y las condiciones geográficas, sociales y económicas de cada país. La vida y la obra del epidemiologista norteamericano Fred Lowe Soper (1893-1977) le servirán a Stepan para contar, por una parte, la historia de la Rockefeller Foundation y su progresivo alejamiento de la financiación y apoyo de campañas de salud pública y, por otra, las conflictivas relaciones entre la erradicación como práctica administrativa de salud y la historia política de la enfermedad tropical. Stepan empieza por desvelar las relaciones militares que atan (no sólo metafóricamente) la ofensiva médica en contra de la fiebre amarilla en Cuba, y luego en Panamá, con la ocupación armada de territorios allende del territorio de Estados Unidos.

En efecto, a través de los métodos que empleó el médico militar William C. Gorgas, en mucho un precursor de Soper, Stepan encuentra una relación entre movimiento de la frontera imperial norteamericana sobre el Caribe, enfermedad tropical y ocupación militar. Es en un contexto de ocupación y agresión militar —primero en Cuba después de la guerra Hispanoamericana de 1898 y luego en Panamá luego de la secesión del istmo con ayuda de EEUU en 1903— que prácticas estrictas de erradicación, conducidas por médicos y militares norteamericanos, se imponen sobre las poblaciones ocupadas, muchas veces en contra de su voluntad, respaldadas por autoridades dispuesta a castigar a quienes se nieguen a llevarlas a cabo, para preparar el terreno sobre el cual se articularán multimillonarias empresas comerciales y políticas (vgr. el Canal de Panamá). Lo mismo habría de ocurrir con las fallidas campañas erradicacionistas de Soper en el Brasil de Getulio Vargas.

El “erradicacionismo” (eradicationism) como ideología, argumenta Stepan, liderado por Soper, su culto a la fumigación con químicos y a una disciplina de higiene castrense, le impedía ver a él y a sus equipos de exterminadores de mosquitos aedes aegypti y anopheles (vectores de la fiebre amarilla y del dengue, y de la malaria respectivamente) las particularidades culturales, económicas y sociales que en muchos casos escapaban a la simple eliminación de los mosquitos con el insecticida DDT. En lo que a veces parecería ser una síntoma de hibris occidentalista, las campañas erradicacionistas financiadas por EEUU o por agencias que canalizaban sus fondos —sobre todo a partir de la Guerra Fría— pregonaban que las causas que mantenía al tercer mundo en la pobreza se debían todas a la enfermedad tropical y no, por ejemplo, a la concentración de la tierra, al desempleo o la falta de educación. Así, el erradicacionismo se construyó sobre el deseo de ver la riquezas surgir en la eliminación, tajante —la reducción al 0%— de enfermedades tropicales transmisibles como la malaria, la fiebre amarilla, el pian, etc.

El diagnóstico del fracaso de sucesivos planes erradicacionistas (con excepción de la viruela, única enfermedad erradicada a través de esfuerzos humanos), muchos de los cuales se extienden hasta hoy (por ejemplo, de la malaria y del polio), lo encuentra Stepan en la distancia entre los principios y las prácticas. El erradicacionismo está basado en un principio: pensar el mundo como un único espacio geográfico, profiláctico y controlable, plenamente accesible, en donde se pueden manipular todas las variables a partir de un método universal de limpieza. Claramente este principio —cosmopolita, precursor de la imaginación horizontal y de la compresión espacio-temporal que se agudiza hoy con la globalización— está basado en un deseo por el fin de la geografía que choca, por ello, con la práctica de un mundo, realmente, en creciente sobrepoblación, hecho de diferentes espacios, concentrado en las urbes, con políticas públicas de salud diversas, características biológicas, sociales y económicas distintas, que piden se realice sobre ellas programas que consulten siempre sus excepcionalidad.

Sin embargo, el texto de Stepan no es una condena inapelable a Soper. Antes bien, deja traslucir una cierta admiración por un hombre que, a diferencia de muchos empleados de agencias internacionales hoy, vivió buena parte de su vida en los lugares en los cuáles pretendía llevar a cabo sus sueños erradicacionistas, habló la lengua de muchos de estos lugares e interactuó con los diferentes estamentos de la sociedad, no sólo con las élites médicas y políticas. Asimismo, Stepan tampoco condena, del todo, el erradicacionismo. Es consciente de que estará, como ideología, acompañándonos por mucho tiempo. Cree, en definitiva, que un enfoque socio-ecológico que combine campañas preventivas, erradicación regional (un oxímoron, lo reconoce ella) de la enfermedad, como ha ocurrido con la fiebre amarilla en las principales ciudades tropicales, con programas sociales que eleven el nivel de vida de la población, se podrá reducir en mucho el impacto de la enfermedad tropical sobre la cotidianidad de muchas personas.

Más allá de los muy específicos problemas que discute Stepan en sus textos me parece que arrojan muchas luces sobre la práctica de la crítica literaria y cultural en América Latina. Por una parte, nos pueden enseñar a perderle el respeto, sanamente, a los discursos científicos y así salvar las distancias, muchas veces inexistentes, entre ciencia y literatura. Stepan es elegante y acuciosa en desnaturalizar las metáforas de la ciencia, mostrando cómo ésta también es una construcción discursiva y no un andamiaje traslucido sin mediaciones políticas, históricas, ambientales y sociales. Por otra parte, Stepan, como una verdadera latinoamericanista, nos hace visible algo que pasa desapercibido en los estudios sobre el trópico: lo temperado ha sido siempre la medida silenciosa frente a la cual se ha leído el trópico latinoamericano (y africano y asiático, desde luego).

Por último, el método socio-ecológico de Stepan desestima lo que ella llama “el lente retrospectivo” —“Retrospect is a powerful but often distorting lens on history; and history is what we have to deal with” (Eradication)—, pues éste nos impide, primero, contemplar otras posibilidades en el pasado que quedaron ocluidas por falsos nuevos descubrimiento y, segundo, nos regala (cargada de veneno) la posibilidad, siempre engañosa, de tomar el presente como inevitable. Y ante eso, sobre todo la crítica cultural, se debe rebelar.

 

Author
Felipe Martínez Pinzón
Felipe Martínez Pinzón

(Bogotá) estudió literatura y derecho en la Universidad de los Andes. PhD en literatura latinoamericana por la Universidad de Nueva York (NYU), es profesor en el College of Staten Island de CUNY. Sus intereses se alternan y combinan en torno a la relaciones entre literatura, geografía y política en la América Latina tropical. Ha publicado dos libros de poemas. Coordina la sección de Crítica del Espacio.

felipe@criticalatinoamericana.com