La escena didáctica y el ensayo de Julio Ramos (Extracto del Prólogo a Sujeto al límite: ensayos de cultura literaria y visual, de Julio Ramos)

[Sujeto al límite: ensayos de cultura literaria y visual, Julio Ramos. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana, noviembre del 2012. 242 páginas. Editado por Camila Pulgar Machado.]

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¿Qué es el saber para Julio Ramos? Enseguida, la pregunta nos lleva a una interpretación tentativa de esta serie de ensayos que son el contenido mutante de un archivo diacrítico ceñido a portafolio. El saber como viaje o, también el viaje del saber, descrito, practicado por disímiles sujetos de la interpretación y la acción establece una dirección de conjunto. Pues además de la experiencia personal de Julio Ramos, salta a la vista su interés por los viajeros, exploradores del mundo, outsiders, marginales, proscritos, locos y otros heterónimos encarnados en los predios subjetivos pero de tensiones políticas, situaciones sintomáticas de un estado mundial en desprendimiento de sus categorías o garantías centrales. Estos sujetos estudiados son Alberto Mendoza, Flora Tristán, aquellos desposeídos aunque descubiertos por Sebastião Salgado y Pedro Costa en sus respectivas máquinas escénicas, los dislocados por la intensidad profana de iluminaciones inducidas o por vía de la ficción o por vía de los fármacos, los practicantes de un americano extranjerizante y rebelde y los enfermos errantes y extraviados, los locos, sin sitio en “los discursos cuadriculados de la modernidad” (Sujeto al límite, p. 155).

Ventura ante la demolición de Fontainhas en Juventude en Marcha (2006) de Pedro Costa

Todos ellos emanan sin duda de aquel sujeto literario que Ramos delimitó a partir de su insurgencia histórica en el Modernismo hispanoamericano. Allí también, es decir, en Desencuentros de la modernidad en América Latina (1989), eligió no el espacio cerrado de la obra literaria, de la poesía o de la poética radicalmente autónoma dariana, sino, al contrario, prefirió una apertura abisal y transitada con prisa y hasta accidentadamente por el creador, el artista en aprietos de sobrevivencia: la apertura urbana, la dimensión y el lugar políticos de las prácticas estéticas. Este sujeto literario, o José Martí, definido en la pugnacidad, “cruce de autoridades”[1] irresueltas en sus propias estrategias discursivas, se constituye problemáticamente a partir del viaje, del contraste entre lo foráneo y lo autóctono; y la difícil pero muy enriquecedora asimilación de una otredad muchas veces deformante según la mirada europeizante finisecular del Modernismo hispanohablante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entonces, lo que le interesa a Ramos como arqueólogo del saber de la “alteridad como proyecto”,[2] de la subjetivación outsider, creemos, no estaría en determinar o “plantear el problema psicológico de una toma de conciencia; habría que analizar la formación y transformación de un saber”,[3] el artístico, el saber imaginario, pero en función de sus márgenes estrictamente históricos y sociales. La literatura y el arte son dominios legitimados por la noción misma de privacidad, de bien privado que surge en época de Martí igualmente, pero ante todo son saberes que se formaron “a partir de las prácticas sociales”[4] y las razones políticas en las que se vieron inmersos estos ciudadanos atípicos, tan prestos al viraje lúdico de las verdades de sus “ruines tiempos”.[5]

Partimos así del sujeto literario, tópico justamente del estudio que se efectuó en Desencuentros… en torno a la conformación del sujeto disciplinado por el campo de inmanencia o la profesión literaria, por el saber específicamente literario, pero apreciado, analizado desde los intersticios de zonas amplias de la producción intelectual latinoamericana, sobre todo en el siglo XIX. Zonas que “resultaban invisibles, impresentables, precisamente por su heterogeneidad, por su indisciplina, tanto genérica como funcional”:[6] es decir, las crónicas y el discurso periodístico de ciertos corresponsales, discurso compuesto precisamente por la literatura, la escritura de viajes. Desde allí, reiteramos, hasta estos sujetos posliterarios que integran la galería de voces de este libro collage, montaje asimismo de subjetivaciones emparentadas tal vez por su estado de fuga y nomadismo, tal como plantea Ramos en sus ensayos sobre el fotógrafo Salgado. Si bien, el sujeto literario, asimismo primer profesional, se asoció a, se inscribió en la prensa y desde allí también se forjó como sujeto de conocimiento, no sólo desde la autonomía literaria; ahora, como sujeto posliterario, posmoderno ha mudado de márgenes de expansión. Ya no es en su lectura y uso de la prensa en donde presiente y encuentra la representación de la magnitud mundial. Ahora se trata de otra configuración, “programa cibernético”,[7] “hegemonía informática”,[8] “agenciamientos maquínicos”: “los mapas de la globalización contemporánea”, ha dicho Ramos, cartografía “desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas”[9] donde se encienden y apagan continuamente “la propia disolución de fronteras políticas y económicas” y las “postulaciones de abstractas ciudadanías multiculturales o trasnacionales” (Ramos, p. 186).

De hecho, a excepción de tres ensayos: “Las paradojas del deseo de Flora Tristán”, “El Dr. William Carlos Williams bajo el sol de Río Piedras” y “Ficciones del sujeto moderno (un diálogo improbable entre Walter Benjamin y Fernando Pessoa)”, el resto de los textos, de las conferencias hablan, elaboran su tejido en el interior del archivo de este tipo de “enmundamiento”, o sea la globalización. Pero, hemos precisado, se trata del archivo diacrítico, el espacio argumental de la subjetivación del mismo Ramos, a contrapelo, casi siempre contraglobalizador.

Flora Tristán

Así, este sujeto de conocimiento (Mendoza, Costa, Salgado, Eltit) que Ramos estudia hoy día, al igual que el paradigma encarnado por Martí, participa de una voluntad de justicia que es asimismo una voluntad de estilo (la sobreescritura martiana) en contra del exterior / interior normativos de los Estados. Pues entendamos que el sujeto literario o artístico, ese tipo de sujeto de conocimiento, según Foucault, según Ramos, se constituye social, políticamente no a partir de la autosuficiencia, la autonomía o la soberanía del arte (lo que es más bien una estrategia de legitimación y defensa en el entramado epistemológico) sino en función de las prácticas sociales de control y vigilancia[10] que suelen ser también, paradójicamente, “la magnitud de la violencia que impacta los límites del derecho a la vida en los mapas de la globalización contemporánea” (Ramos, p. 211). Cada uno, el preso, el marginado social, el migrante y el loco, o bien siendo descritos por otros o siendo las voces directas de la expresión, confrontan la desposesión de su integridad, y así, fracturados, como sujetos, o más bien, instancias rizomáticas se esparcen, devienen en actos segmentados de su misma dislocación constitutiva.

Para salir del enigma, ejemplifiquemos esto que sobre todo queremos vincular con el paralelismo entre estética y justicia. Tres ensayos son en particular alegóricos al respecto: “El derecho a la ficción en Tarrafal de Pedro Costa”, “Los viajes de Sebastião Salgado”, “El infarto del alma de Diamela Eltit y Paz Errázuriz”. Los tres tratan este asunto prioritario de la justicia y, claro, de la piedad vista desde una función o naturaleza más filosófica que sagrada o religiosa. Surge en ellos la máquina de captura estética (la cámara cinematográfica o fotográfica) como un dispositivo capaz de efectuar una operación política innovadora allí, en los lugares del reverso, en las zonas del trauma, extraña visualidad daimónica. Agrega Ramos: “espacios muy precarios, provisorios: siempre al borde de la destrucción o de la intervención estatal” (p. 217). De allí que su inquietud esté puesta en el imaginario alegórico, en el barroco, en el neobarroso, como advierte ante Eltit. Claro, debido a la relación substancial entre esta tendencia estilística y el trágico estado de desintegración donde transitan los sujetos-objetos.

Además del poderoso registro que implica cada apuesta artística mencionada, el agenciamiento estético, logra sustraer del “pathos interpelador”, tal como expone el crítico en “Los viajes de Sebastião Salgado”, una suerte de salida: “una reinserción, una territorialización del cuerpo –marginalizado hasta el extremo– en un nuevo espacio de sentido” (p. 195).

Fotografía de Sebastião Salgado

Finalmente, la literatura, el arte, la estética son virajes sorpresivos, inesperados, confines que asaltan y detienen el devenir de Ramos. Su navegación ha sido a través de una noción de literatura prisionera de redes sociales y, también, fructífera en el lugar de una quebradiza quietud, el lugar de la memoria y el presente: del aquí que apenas emerge. Frutos que no dan árboles, que no emanan ya de un tallo esencial, más bien “la particularidad del cuerpo en emblema, cifra, referencia”, “restos arqueológicos, diseminados y deshechos de aquel proyecto de modernidad” (p. 200). Imaginarios alegóricos que se debaten como voluntad de poder, ética y políticamente en “la sobrecarga estética” acontecida en los predios “de la experiencia diaspórica”, de la pobreza:

Una intervención política que insiste en el reclamo del derecho a la fabulación de los sujetos subyugados y reconoce la coexistencia de “creencias” y “saberes” en el orden de cualquier relato (p.223).

Puntualiza este crítico que observa muy atento, desde una panorámica muchas veces inusitada, su galería de creadores modernos periféricos: Benjamin, Pessoa, William Carlos Williams, Flora Tristán, hasta los actuales posmodernos: Mendoza, Costa, Salgado, Eltit y Errázuriz. Ramos percibe cómo se ha ensanchado “el horizonte de la teoría de la imagen” (p.178). Es el ensanche de lo que Derrida llama “la apertura del juego”[11] o el advenimiento de las escrituras subrepticias, prohibidas, cercenadas por el lenguaje controlador del texto capital, o, como indican Deleuze y Guattari, del Estado y el libro mismo que le es calco.[12] Allí entonces se produce una paradoja de la actualidad, básicamente de la globalidad liberal, paradoja fundadora del pensamiento cada día más rizomático de Julio Ramos, la que él mismo advierte a través de una cita fundamental de su ensayística, extraída del jurista Robert M. Cover:

[…] El carácter incontrolado del sentido ejerce un efecto desestabilizador sobre el poder. Es decir, los preceptos deben tener sentido, pero necesariamente abstraen ese sentido de materiales creados por prácticas sociales que no están sujetas a las normas que condicionan la legislación y la producción formal de las leyes. […] tajante oposición entre el estado y esa especie de sentido salvaje que la práctica simbólica desata en el exterior de la institución.[13]

De ese foso escritural, babélico, en disolución incesante de sus márgenes narrativos, extraen sentido los conceptos de la ley, de la teoría y la crítica: “<<la zona esencialmente cultural>> que Cover opone a las instituciones del Estado”,[14] el pilar movedizo de la transdisciplinaridad. De allí que la crítica, aquella dispuesta a perderse en tales dominios poscoloniales, pueda también ser transformada por fuerza (intensidad subjetivadora) en el incómodo exterior que para el Estado y sus documentos acreditados constituye la ficción.

Diamela Eltit y Paz Errázuriz

 


[1]Desencuentros de la modernidad en América Latina. Literatura y política en el siglo XIX. Edición e Introducción de Camila Pulgar (Caracas: Fundación Editorial El perro y la rana, 2009) p. 154.

[2]Escribe Marcelo Percia:

Guattari entiende la experiencia de subjetividad como la vivencia de un extraño en nosotros. Subjetividad como presencia insondable de la alteridad en uno mismo. Un extraño en nosotros que, sin embargo, dice se imaginariza como peligro de desintegración. O como terror a lo otro. […]  Una dolencia de lo extranjero en nosotros mismos. Por eso, Guattari se pregunta de qué modo un dispositivo analítico puede ser creación, soporte y acogida del extraño en nosotros. Recepción hospitalaria de lo otro. […] O, en otras palabras, de qué modo un dispositivo de enunciación analítico puede hacer lugar a vagabundeos existenciales expulsados de los territorios restrictivos del yo, o del mí mismo, o de las culturas de grupo, o del desierto mass-mediático. Si en la ilusión de completud se representa a la otredad como carencia, Félix Guattari propone, en cambio, pensar la alteridad como proyecto. Como posibilidad de un proceso de heterogénesis en la subjetividad. 

Marcelo Percia. “Noticia sobre Felix Guattari”. Argentina: Campo Grupal. Tomado de página: http://campogrupal.com/guattari.html. Jueves 13 de mayo 2010.

[3]Michel Foucault, La arqueología del saber (1969). Traducción de Aurelio Garzón del Camino (México: Siglo XXI, 1999), p. 329.

[4]Foucault enLa verdad y las formas jurídicas (1978). Traducción de Enrique Lynch (Barcelona: Gedisa, 2001), p. 13.

[5]Frase de Martí en Prólogo al Poema del Niágara. Nuestra América (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1978), p. 301.

[6]Desencuentros de la modernidad, p. 264.

[7]J. Derrida, De la gramatología (1967). Traducción de Oscar del Barco y Conrado Ceretti. (México: Siglo XXI, 1998), p. 15.

[8]J.F. Lyotard, La condición postmoderna (1979). Traducción de Mariano Antolín Rato (Madrid: Ediciones Cátedra, 2000), p. 17.

[9]Deleuze y Guattari, “Rizoma” en Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia (1980). Traducción de José Vázquez (Valencia: Pre-textos, 2000), pp. 26 y 27.

[10]Foucault, La verdad y las formas jurídicas, p. 15.

[11]J. Derrida, De la gramatología, p. 12.

[12]Rizoma”, pp. 27,28

[13]Cita Ramos en Paradojas de la letra, p 69.

[14]Paradojas de la letra, p 69.

 

 

Author
Camila Pulgar Machado
Camila Pulgar Machado

(Caracas) es profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Actualmente desarrolla sus estudios doctorales coordinando un equipo de más de 20 pasantes académicos que indagan en archivos hemerográficos de la vanguardia cultural  venezolana de los años 60. Ha sido curadora y editora de diversas apuestas. Su interés principal está en las escrituras logográficas y fragmentarias desde donde se plantea el asunto de la crítica y la creatividad. Es editora de Sujeto al límite: ensayos de cultura literaria y visual de Julio Ramos (2012).