El My Lai peruano: La masacre de Accomarca y la promesa de justicia

El My Lai peruano

“Accomarca fue el My Lai peruano.”(1) Así describió el embajador interino de Estados Unidos en el Perú, Charles Brayshaw, la peor masacre de la época de la violencia política peruana, el asesinato, en agosto de 1984, de 69 campesinos de la comunidad Ayacuchana de Accomarca —entre ellos más de 20 niños— en un documento oficial desclasificado.

El documento hace referencia al entonces capitán del Ejército Telmo Hurtado, principal responsable material (siendo entonces subteniente) de la masacre de Accomarca: “Hurtado confesó ser el autor de los asesinatos, pero dijo que hasta los niños de tres años eran potenciales miembros de Sendero Luminoso y entonces se justificaba su eliminación. A su vez, muchos oficiales pensaban que Hurtado sólo hacía su trabajo; hasta uno de ellos dijo al Consejero Político [de la Embajada] que su error fue no haber escondido a los cuerpos.” (2)

 

En la época de la violencia política en el Perú, la norma era la impunidad para casos de graves violaciones de derechos humanos cometidos por las fuerzas del orden. En los pocos casos en que la justicia ordinaria investigaba tales crímenes, el fuero militar interponía contienda de competencia, y la Corte Suprema casi siempre resolvía a favor del fuero militar, lo cual era el primer paso hacia la consolidación de la impunidad. En el caso Accomarca, la justicia militar absolvió a Hurtado del delito de homicidio calificado, condenándolo tan sólo por ‘abuso de autoridad’ a 6 años de prisión. El argumento de la justicia militar: Hurtado no podía ser considerado culpable de homicidio pues tenía la misión de combatir la subversión; tan sólo se ‘excedió’ en sus funciones. A pesar de la condena, Hurtado no sirvió los 6 años: ascendió en la institución militar e incluso fue condecorado durante el gobierno de Alberto Fujimori. En 1995, se benefició de la ley de amnistía promulgada por Fujimori, y permaneció en servicio activo del Ejército. En 2002, luego de que la ley de amnistia fuera anulada después de un fallo de la Corte Inter-Americana de Derechos Humanos y se abrió la posibilidad de un nuevo juicio por Accomarca, Hurtado huyó a Estados Unidos. Cinco años después, fue detenido en Miami, para ser finalmente extraditado en julio de 2011.

Hurtado llegó a Lima y fue llevado directamente a la cárcel de máxima seguridad Castro Castro, ubicado en el distrito popular San Juan de Lurigancho, a una hora de distancia del centro de Lima. Los otros inculpados se encuentran libres, sólo tienen que acudir al juicio los días de la audiencia.

Foto de Hurtado, marzo 2012
Foto de Hurtado de marzo de este año

 

El juicio por el caso Accomarca

El juicio por el caso Accomarca comenzó en noviembre de 2010, 25 años después de los hechos. Hurtado es uno de 29 imputados en el proceso, todos militares. Entre ellos, hay desde altos mandos militares hasta los soldados que habrían participado directamente en los hechos. (3) El día que Hurtado fue incorporado al juicio, el 22 de julio, había —a diferencia de sesiones previas— mucha prensa. La presencia del “Carnicero de los Andes” llamó la atención de los medios, que duda cabe.

Hurtado entró al salón judicial del penal Castro Castro y se paró ante los tres jueces de la Sala Penal Nacional encargados del caso. Luego de algunas instrucciones de la jueza directora de debates, el fiscal Luis Landa leyó la acusación en su contra. Se conoce bien los detalles de la masacre, una litanía terrible de abominaciones cometidas en el nombre de la lucha contra la subversión: el fiscal narró, con horror genuino, cómo los militares torturaron a los varones y violaron sexualmente a las mujeres de la zona; cómo luego los encerraron en varias viviendas, donde acusaron a todos —sin distinguir entre ancianos y niños— de ser terroristas, los balearon y luego prendieron fuego a las casas, finalmente, lanzaron granadas para destruirlas totalmente. Ante el inminente viaje de una comisión investigadora del Congreso, regresaron a la zona unas semanas después para eliminar a los testigos de la masacre y desaparecer a todas las pruebas. Según la investigación exhaustiva de este caso por la Comisión de Verdad y Reconciliación del Perú (CVR): “durante esta operación no se produjo ningún enfrentamiento, por lo que no hubo heridos ni muertos en las filas de las fuerzas del orden… Sin embargo, los efectivos militares actuaron violentamente contra las personas que encontraban…. [N]o se encontraron armas, municiones, explosivos o propaganda de Sendero Luminoso.” (CVR, 159) El fiscal pidió la pena máxima para Hurtado, 25 años de prisión efectiva.

Era difícil notar la reacción de Hurtado, pues estaba parado con la espalda hacia la galería. Pidió a la Sala que le diera tiempo para consultar con su abogado antes de responder a los cargos, cosa que la Sala consentió. En la siguiente sesión, el 2 de agosto, Hurtado nuevamente pidió, y conseguió, más tiempo para consultar con su abogado. Finalmente, el 15 de agosto —16 años y un día después de la masacre— Hurtado respondió ante el tribunal que no era culpable.

Sin embargo, el día después de que leyeron los cargos contra él, en una breve entrevista publicada en La República, Hurtado prometió decir “su verdad”. El momento de la masacre de Accomarca él tenía sólo 23 años y era un subteniente, aseveró; los suboficiales sólo responden a los órdenes de sus superiores. Efectivamente, cuando, ocho meses después, comienza el interrogatorio de Hurtado, no sólo reconoce su responsabilidad en la masacre, sino señala con nombre y fecha la responsabilidad de sus superiores en ordenar la masacre. Aquí un análisis de la confesión.

Sería una exageración decir que las palabras de Telmo Hurtado han causado un terremoto en el Perú, pues se presta muy poca atención a los juicios en curso por violaciones de derechos humanos, pero es sin duda un punto de inflexión en un proceso marcado por la negación de los militares de reconocer su responsabilidad en crímenes contra los derechos humanos y —que duda cabe— representa un problema muy grande para los altos mandos militares también imputados en el proceso judicial, entre ellos el General (r) Wilfredo Mori Orzo, entonces jefe del Comando Político-Militar de Ayacucho, y otros integrantes del Estado Mayor en ese entonces.

El General en retiro Mori Orzo habría ordenado al Estado Mayor del Comando Político-Militar de Ayacucho a elaborar un plan —el famoso Plan Huanccayoc— para intervenir en la zona para ‘capturar y/o destruir’ los elementos terroristas existentes en el área. También sería quien impartió a Hurtado y otros las órdenes de regresar a la zona para encubrir los hechos ante la llegada inminente de una comisión investigadora parlamentaria. (Mori Orzo, así como el General Sinesio Jarama, fueron dados de baja por el entonces recientemente inaugurado Presidente Alan García por haber encubierto la masacre, pero Hurtado fue el único militar sometido a un juicio militar por el caso.) (4)

Mientras Telmo Hurtado estaba en su celda en Miami esperando los resultados del proceso judicial que terminaría finalmente con su extradición al Perú, los abogados defensores de Mori Orzo y los demás altos mandos militares involucrados en el proceso afirmaron que ellos no ordenaron la masacre de los campesinos. Que la masacre era responsabilidad única de que quien lideraba la patrulla Lince 7 —el entones sub-teniente Telmo Hurtado— quien, aseguraban, sufría del ‘síndrome de Vietnam’, ya que había estado mucho tiempo haciendo operaciones contrasubversivas, lo cual le provocó una locura temporal dando como resultado de la lamentable masacre en cuestión. No hay duda de responsabilidad de Hurtado, pues él mismo la ha admitido tanto en las investigaciones de los meses posteriores a la masacre, como en su interrogatorio en abril de este año.

Según la investigación de la CVR, Hurtado declaró en el Fuero Militar que se había reunido con el General Mori Orzo y aceptó asumir la responsabilidad de los hechos para no perjudicar la carrera del citado General. En esa misma reunión Mori habría ordenado que regresaran para “limpiar” la zona: desaparecer las personas que fueron testigos de los hechos así como cualquier otra evidencia. Esa versión fue reiterada por Hurtado en sus declaraciones en abril, y en un careo con su ex superior en el juicio. Ha dicho muchas cosas más, incluso ha acusado a un general en retiro y a su ex superior, Nelson González Feria, de haber asesinado directamente a los 14 testigos de la masacre y de no reportar las bajas. En un careo con su ex superior, Hurtado dijo: “Usted, a sangre fría, fue quien iba de zanja en zanja, eliminando a esas 14 personas detenidas. Me sorprende su cinismo y se lo digo en su cara, porque yo vi cuando usted disparó.”

Llama la atención la frialdad con el cual Hurtado relata los hechos y acusa a sus superiores. No habla arrepentido por sus acciones. En varias ocasiones durante el juicio ha explicado que está orgulloso de su institución, la institución militar, y de que actuó en base a una doctrina militar elaborada específicamente para luchar contra la subversión. Su molestia y los motivos de su confesión tienen que ver más bien con el hecho de que ahora sus superiores niegan haber participado en la elaboración de esa doctrina y de los planes operativos que resultaron de la misma. A González Feria, le recriminó, diciendo, “yo he estado en la cárcel desde hace cinco años (referiéndo a los años desde que fue detenido en Estados Unidos hasta la actualidad); todo este tiempo Usted ha disfrutado de la vida, de su familia, de la playa.”

El tema del fondo es, al final, sumamente contensioso en la política peruana: ¿La masacre Accomarca representa un caso aislado en el cual un suboficial se alocó y cometió un ‘exceso’? O, como ha sostenido la Comisión de la Verdad y Reconciliación, fue una operación planificada por los altos mandos militares con el orden expreso de matar a todos los presentes en la comunidad, quienes eran sospechosos de pertenecer a Sendero Luminoso —y como tal constituiría un eslabón dentro de una cadena de masacres, torturas, y desaparaciones forzadas que constituye de un patrón sistemático de violación a los derechos humanos?

En suma, dos interpreteaciones distintas de lo que pasó en el Perú durante el conflicto armado interno están en juego en el caso de Accomarca: la primera versión, si bien reconoce que hubo algunos excesos, considera que fueron hechos aislados y en todo caso de daño colateral implícitos en toda guerra; y la segunda, que la masacre de Accomarca formaba parte de un patrón de comportamiento de las fuerzas del orden en el contexto de una lucha contrasubversiva de violación sistemática de los derechos humanos. Hasta hoy, las fuerzas armadas peruanas niegan rotundamente esta última versión, a pesar de las evidencias ampliamente documentadas por la CVR y otras instancias. Ahora le toca a la justicia peruana emitir su veredicto. Lamentablemente, en estos casos, la marcha de la justicia en el Perú es muy lenta; se espera que el juicio dure por lo menos un año más. Mientras tanto, como en muchos otros casos, los familiares de Accomarca siguen esperando verdad y justicia.

Familiares del caso Accomarca demandan justicia. Penal Castro Castro, 2 de agosto de 2011.

Notas

(1) La masacre de My Lai ocurrió en el sur de Vietnam en 1968, cuando un batallón de Infantería del Ejército norteamericano mató a unos 400 campesinos de esa aldea. Esa masacre marcó un hito en la guerra de Vietnam, generando repudio alrededor del mundo hacia los Estados Unidos por la actuación de sus tropas y en general por su política intervenciónista en el país sudasiático.

(2) Documento desclasificado No. 1993LIM02301, fecha 26 de febrero de 1993, firmado por el Chargé d’Affaires Charles Brayshaw. Documento obtenido por el National Security Archive.

(3) Es importante notar que otro de los principales responsables materiales de esta masacre, Juan Rivera Rondón, fue deportado de Estados Unidos y también está procesado en este juicio. Hurtado y Rivera Rondón lideraron las patrullas Lince 6 y 7 y son sindicados como los principales autores materiales de la masacre, al igual que David Castañeda, quien aún se encuenta prófugo en Estados Unidos. Fuentes cercanas a su caso aseguran de que probablemente no será extraditado al Perú, aunque todavía podría ser expulsado de Estados Unidos.

(4) Según otro documento desclasificado de la Embajada de Estados Unidos en el Perú, con fecha 19 de Septiembre de 1985, la decisión de García de relevar a Jarama y Mori de sus comandos como resultado de la masacre de Accomarca despertó mucha preocupación entre oficiales militares de que habría una “caza de brujas” de parte del gobierno aprista hacia los militares por violaciones a los derechos humanos. Hay que recordar —a pesar del triste récord del primer gobierno de Alan García en materia de derechos humanos— que a inicios de su mandato, García había prometido establecer una nueva política de lucha contra la subversión basada en el respeto a los derechos humanos, resumido en la famosa frase: “No combatiremos la barbarie con la barbarie.” El documento asegura:

“Existe mucha preocupación sobre la posibilidad de que la administración de García podría, luego de Pucayacu y Accomarca, buscar investigar casos de derechos humanos que tuvieron lugar entre 1983 y 1984 [de hecho los años de mayor violaciones a los derechos humanos cometidos por parte de las fuerzas armadas peruanas según la CVR]. Un número significativo de oficiales del Ejército ha estado involucrado en zonas de emergencia en los últimos dos años y medio y posiblemente esten comprometidos, directa o indirectamente, en operaciones antisubversivas que resultaron en muertes civiles. Sin duda los peruanos están observando la cobertura de prensa sobre hechos similares en Argentina con particular interés.”

Se refiere, obviamente, al juicio a los miembros de las juntas militares que tuvo lugar durante 1985 y resultó en condenas largas para 5 de 9 de ellos.

Documento desclasificado No. 1985LIMA10721 obtenido por el National Security Archive.

 

Author
Jo-Marie Burt
Jo-Marie Burt

is Associate Professor, George Mason University & Director of Latin American Studies; Senior Fellow, Washington Office on Latin America (WOLA)